Traductora frente a un catálogo viendo como encaha todo.

Traducción de catálogos comerciales: textos, productos e imágenes que deben encajar

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Faltan tres semanas para la feria. El catálogo en español está cerrado, maquetado y aprobado, y alguien pregunta: «¿Y la versión en francés?». Es un escenario muy habitual, y casi siempre se plantea como un trámite: se extrae el texto, se traduce y se vuelve a meter en el diseño.

Lo que pasa después es menos habitual en las previsiones: textos que no caben, fotos con rótulos en español, referencias que ya no coinciden con la tabla.

La traducción de catálogos comerciales tiene una particularidad que la separa de otros encargos. El texto no va solo. Convive con imágenes, tablas, códigos de producto, precios, iconos y una maquetación pensada para un idioma concreto. Si esas piezas dejan de encajar, el catálogo pierde fuerza en el momento en que más la necesita.

 

Qué implica la traducción de catálogos comerciales

Traducir catálogos comerciales consiste en adaptar a otro idioma un documento que presenta productos o servicios para clientes, distribuidores o compradores, manteniendo la coherencia entre el texto, los datos de producto y los elementos visuales. No es traducir un texto corrido. Es trasladar un sistema de información donde cada parte depende de las demás.

Un catálogo mezcla varios registros en pocas páginas: la presentación de la empresa, con un tono más comercial; las descripciones de gama, que venden beneficios; las fichas de producto, que dan datos concretos; y las condiciones, que tienen algo de documento contractual. Cada bloque pide un tratamiento distinto dentro del mismo documento.

 

El espacio: cuando el texto traducido no cabe

Este es el problema más frecuente y el que menos se prevé. Los idiomas no ocupan lo mismo. Un texto en alemán o en francés suele ser más largo que su equivalente en español, y uno en inglés, a menudo, más corto. Se habla de variaciones que pueden rondar el 15-30 % según el par de idiomas y el tipo de texto.

En un documento corrido, eso apenas importa. En un catálogo, con cajas de texto medidas al milímetro, sí. El diseñador acaba reduciendo el cuerpo de letra, recortando frases o, en el peor caso, eliminando partes del texto sin consultar a nadie.

La solución no es traducir «más corto» a costa del contenido. Es saber de antemano cuánto espacio hay, avisar cuando una frase no va a caber y proponer alternativas que mantengan el mensaje. Para eso, el traductor necesita ver el catálogo maquetado, no solo un archivo de texto sin contexto.

 

Productos, referencias y datos que deben coincidir

En un catálogo, una parte del contenido no se traduce, pero sí se revisa. Códigos de referencia, medidas, pesos, capacidades, colores con nombre comercial, certificaciones. Estos datos tienen que coincidir exactamente con los de la tarifa, la web del distribuidor o el pedido que llegará después.

Aquí aparecen dudas que conviene resolver con la empresa, no por intuición. ¿Los nombres de los colores se traducen o se mantienen como parte del producto? ¿Las medidas se convierten a pulgadas para un mercado anglosajón o se dejan en centímetros? ¿Los nombres de las gamas son marca registrada o descripción? Cada respuesta cambia el resultado.

Un catálogo donde el producto se llama de una forma en la portada y de otra en la ficha interior genera algo peor que confusión: desconfianza. Un distribuidor que va a hacer un pedido necesita saber que la referencia que lee es la que va a recibir.

 

Imágenes que también hablan

Las fotos de un catálogo también contienen texto: rótulos en envases, pantallas de un dispositivo, etiquetas, señalización en una instalación, textos incrustados en infografías. Si todo eso se queda en español, el catálogo traducido transmite que es una adaptación rápida.

No siempre es posible, ni necesario, cambiar cada imagen. Pero sí conviene identificar cuáles tienen texto visible y decidir qué hacer con ellas: traducir los textos incrustados, añadir una leyenda o sustituir la imagen por otra neutra. Lo mismo ocurre con iconos y pictogramas propios: un icono que en España se entiende sin palabras puede necesitar una explicación en otro mercado.

Y hay un aspecto menos evidente: la relación entre texto e imagen. Si una descripción dice «como ves en la imagen de la izquierda» y en la versión maquetada la imagen ha cambiado de sitio por el espacio, la frase deja de tener sentido.

 

El tono comercial en un documento concreto

Un catálogo vende, pero no vende igual en todos los mercados. Lo que en español funciona como una frase de impacto puede resultar exagerado en alemán o demasiado seco en italiano. No hace falta reescribir el catálogo para cada país, pero sí revisar los titulares, los eslóganes y las frases de presentación con el lector de destino en mente.

La parte técnica del catálogo, en cambio, pide lo contrario: precisión y constancia. Si en un catálogo de herramientas conviven textos comerciales y especificaciones, esas especificaciones merecen un enfoque cercano al de la traducción técnica, con terminología estable y datos revisados.

Encontrar ese equilibrio dentro de un mismo documento es, en nuestra opinión, lo más interesante de este tipo de encargos.

 

Coherencia con el resto de materiales

El catálogo rara vez es el único material que se traduce. Suelen acompañarlo presentaciones, fichas sueltas, listas de precios, material para ferias o documentación de distribuidores. Si cada pieza se traduce por separado, los nombres de productos, las ventajas y hasta la forma de presentar a la empresa acaban divergiendo.

Por eso ayuda mucho reunir, antes de empezar, las traducciones anteriores, un glosario de nombres y términos aprobados y, si existe, la guía de estilo de la marca. En Eikatrad recomendamos tener todo eso a mano antes de traducir un catálogo, porque ahorra correcciones posteriores y mantiene una imagen única en todos los idiomas.

 

Cómo preparar un catálogo para traducirlo bien

Antes de enviar el catálogo a traducir, conviene tener claras algunas cosas: a qué mercado y a qué lector va dirigido (cliente final, distribuidor, comprador técnico), en qué formato está el archivo original, si el diseño admite cambios de longitud y qué datos no deben tocarse. Con eso, la traducción deja de ser un paso posterior al diseño y pasa a formar parte del proceso.

Y un último consejo: deja siempre un margen para revisar la versión maquetada en el idioma de destino. Es ahí donde aparecen los cortes de palabra, las líneas huérfanas o la imagen que no corresponde.

 

Tu catálogo, listo para otro mercado

Un catálogo traducido funciona cuando quien lo abre en otro país no nota que fue pensado en español. Los textos caben, los productos se llaman igual en todas las páginas y las imágenes acompañan lo que dice el texto.

Eso es lo que debería conseguir una buena traducción de catálogos comerciales, y es el enfoque con el que trabajamos en Eikatrad, junto con el resto de servicios de traducción para empresas que puedes consultar en nuestra web.

¿Tienes un catálogo comercial que necesitas traducir o adaptar? Envíanos el material y revisamos cómo trabajarlo para que texto, producto e imagen mantengan coherencia.

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