Traductor no es cualquiera

Traductor no es cualquiera

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En una sociedad que mantiene una mezcla de culturas, el traductor resulta ser una especie de enlace o nexo entre dos culturas, o dos idiomas.

Conectan realidades de dos mundos, y adecuan los mensajes que cada cultura ha dejado, para que se comprenda en otra diferente. Todo esto sin que se note por quien lee la traducción.

Pareciera que una persona con un poco de conocimiento en dos idiomas distintos pueda traducir exitosamente cualquier texto. Eso no es cierto.

Cualquier persona no es un traductor, se requiere conocimiento, herramientas, experiencia, cultura y contexto, entre otros requisitos más.

 

Historia

Cuando una civilización conquista el territorio de otra, termina por imponer el idioma de quien conquista. Pero mientras esta imposición se logra, se requiere trasladar nombres y conceptos de todo lo existente, a la nueva lengua que dominará en el territorio conquistado.

Allí nace la necesidad de una persona que traslade palabras de una lengua a otra. Nace el oficio de traductor.

Quizás el empleo de la palabra trasladar, deba sustituirse por adecuar, ya que el significado de cada palabra o frase debe adaptarse a un contexto y cultura diferente a la de donde se originó.

 

Proceso complejo

La persona encargada de adecuar un texto de un idioma original a otro distinto debe resignarse a que durante el proceso algo se pierda. Es el caso de aquellas frases, que cuentan para su entendimiento de un resonar particular, que al traducir de manera literal, termina perdiendo. Por ello se dice que existen frases y palabras sin traducción

No quedan dudas que la adecuación que lleva a cabo el profesional de la traducción, es el resultado de un estudio profundo de las lenguas, el contexto, y la materia de que se trata.

 

De inicio a fin

Inicia con la lectura comprensiva del texto a trasladar, para intentar descifrar el sentido y alcance de cada frase y oración. Comprender el texto original inicia entonces todo el proceso de traducción.

Luego de esta lectura es que el traductor inicia el trabajo de hacer llegar el mensaje de la manera más fiel, estudiando cada frase que emplea para dar el sentido correcto.

El traductor en todo momento debe establecer, si las frases empleadas pueden identificarse como originales, por la persona que leerá la traducción final. Allí está la gran finalidad perseguida por todo profesional que se dedique a este oficio.

Se trata de hacerse responsable de que un determinado mensaje sea cambiado a otro idioma, y no pierda su esencia, ni siquiera para el ojo del experto del idioma de destino.

Esta perfección, si puede ser llamada así, es posible en la medida en que se conoce la cultura del sitio de origen del texto, y la que se tiene en el lugar de destino del mensaje. Nada sencillo, ¿no?

Por eso es que concluimos, que el traductor profesional dista mucho de ser un mero trasladante de frases y contenidos, si no que se ha convertido, con muchos estudios en enlace de culturas.

Repetimos, traductor no es cualquiera.

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